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Introducción Sumar al amor

Introducción Sumar al Amor

Por: Pablo Gagliesi

Los y las consultantes con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), con sus familiares y allegados han sufrido, y aún sufren, de graves problemas para recibir tratamientos que funcionen. 

Si bien el diagnóstico ha sido acuñado hace unos casi 75 años, la amplísima mayoría de las y los consultantes, o no lo reciben hasta pasados los 5 años de cumplir con los criterios según algunas investigaciones, y otros, aun cuando han sido diagnosticados los profesionales de salud mental no lo comunican a pesar de considerarlo. Obviamente esto incide en la velocidad para recibir tratamientos efectivos, y al mismo tiempo, recibir otros que incluso pueden ser iatrogénicos y causar aún más sufrimiento. 

Los problemas son:

A. El TLP era un enigma, porque las hipótesis más populares dentro de la psiquiatría y la psicología carecían de basamento científico hasta hace relativamente poco. Aún estamos en veremos, pero al menos tenemos alguna hipótesis más razonable. La introducción hace casi 25 años de la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) en castellano, nos permitió al menos contar con un modelo basado en la evidencia. 

B: Las psicologías y psiquiatrías suelen tener mucha dificultad para adoptar modelos basados en la evidencia, una vez que los profesionales aprendieron un modelo para explicar los fenómenos psíquicos y por su derivación los fenómenos conductuales (en un cuestionable orden donde lo mental está en el centro del problema), suelen ser poco flexibles al cambio y persisten en sus modelos a pesar de la evidencia contraria. La actualización en Salud Mental es un proceso lento y perezoso.

C: El estigma: la enfermedad mental es un tema aún complejo socialmente, no solo por los prejuicios sino porque efectivamente tiene costos impresionantes para las personas, sus familias y la sociedad en general. El diagnóstico de TLP todavía es usado como punitivo o residual. Se reserva para representar algo que no puede ser cambiado, personas difíciles o complejas de tratar o aquellos pacientes que no responden a los tratamientos, o no están motivados a cambiar.

Las ideas prevalentes no han ayudado mucho para aumentar la comprensión de los problemas conductuales y emocionales sino han agravado este estigma. Muchos consultantes y sus familiares sienten desesperanza, vergüenza o culpa en relación con este trastorno. Es problema de algunas hipótesis vigentes desde hace años es que no sólo no son acertadas, sino que producen efectos deletéreos en los consultantes y su ambiente.

Las frases habituales o mitos que extraje de libros de psiquiatría y psicología dicen, por ejemplo:

1. “Este diagnóstico es para siempre” o “No hay tratamiento”, cuando en realidad tenemos tratamientos efectivos que hacen que las personas dejen de cumplir criterios en menos de un año.

2. “Son impulsivos e intentan destruir agredir”, “son dramáticos y espectaculares”, “cuando no pueden manipular realizan acting-outs”, “tienen un falso-self”. Honestamente a nadie le gustaría cuando está emocionalmente vulnerable que le digan que todo es un acting. La palabra concentra una carga de significación de falsedad, teatralidad, dramatismo innecesario, donde hay un escenario donde se representa una escena. Es difícil salir de esta hipótesis sintiéndose honesto, verdadero o íntegro. Suena más a las dificultades en conseguir que los consultantes aprendan a regular emociones, habla más de las dificultades de los profesionales que de la verdad sobre los consultantes. 

3. Muchos terapeutas sostienen que los consultantes no han tenido límites y es necesario “ponerles límites”. Y sólo esta idea, que llega a oídos de los familiares o allegados les hace practicar poner límites en sus casas produciendo verdaderas hecatombes y crisis.

4. Los adjetivos más usados son: manipuladores, impulsivos, agresivos, psicopáticos, dramáticos, narcisistas, masoquistas, hipersexualizados o seductores, infantiles.

Desandar las narrativas impresas y dichas sobre los pacientes con TLP es una obligación de las ciencias de la salud, porque hemos producido efectos estigmatizantes y muchos problemas con hipótesis aparentemente irrelevantes. Tenemos una acción pendiente, reparar los efectos de nuestras teorías sin evidencia con efectos tan cáusticos. 

La llegada de DBT produjo un cambio radical en la forma en que definimos el problema de los consultantes con TLP. Nos permite una aproximación más amable y compasiva.  Además, es una formulación que es pragmática y abre puertas a estrategias de intervención más apropiadas y efectivas.

C. El último cambio que operó en el ámbito de la salud mental es que los consultantes y sus familias abandonaron una posición pasiva, para pasar a demandar diagnósticos, tratamientos y la elección informada de los mismos. Las personas empiezan a conocer sus derechos a recibir tratamientos adecuados y compasivos, a comportarse como usuarios o consumidores consientes. El acceso a la información generado en los últimos años por la revolución del internet ha recibido numerosas críticas, pero también hay que reconocer que nunca hemos tenido acceso libre a tanto. La gente le pregunta a internet e internet, errores más aciertos, ha democratizado el saber. La gente de pueblos pequeños, de idiomas donde antes no llegaban traducciones, los que no pueden salir de sus casas, casi todos tenemos acceso a esa web. Basta poner una lista de problemas conductuales para que aparezca un diagnóstico, un tratamiento, una discusión o el testimonio de otros que nos hace sentir menos solos.

D. Las familias han sufrido por décadas al ser señaladas por los profesionales de la salud mental como “causa” de los problemas de salud mental, este modelo los ha aislado y paralizado. Actualmente muchas familias han podido saltar la barrera de la culpabilización, a veces a pesar de la persistencia de ciertas tradiciones en salud mental, para pedir ayuda más específica. El cambio notable en la clínica cotidiana es que ellos están cambiando la preguntas. Ahora no están interesados en “¿por qué está pasando esto?”  – quizás sepan que no lo sabemos tan claramente o que solemos tener teorías que los increpan, para preguntar más asertiva y pragmáticamente “¿qué puede hacer con esto?”. 

Hace 20 años con un grupo de colegas inauguramos, sin decidirlo, el primer programa de una terapia que revolucionaría nuestra práctica. Decidimos implementar DBT tal como se implementó en los centros de investigación del primer mundo, sin más ni menos, una adopción plena de un tratamiento con evidencia. Contra viento y marea el equipo evolucionó consolidándose. Esa decisión clave de ofrecer el tratamiento con precisión nos confrontó con un detalle cultural ineludible que se diferenciaba del modelo original. Ninguno de nuestros consultantes venía solos, venían con sus familias y allegados, sus amigos, sus compañeros de estudio o trabajo, con una red de personas interesadas amorosamente que no sólo sostenían a los consultantes, sino que hacían financieramente posible los tratamientos, dando sustento como techo y comida, oportunidades de vida y red. 

Si bien algunos de nosotros proveníamos de la tradición sistémica, sabíamos, por las investigaciones previas, que incluir a las familias y allegados en sesiones de terapia familiar podía causar más problemas que soluciones. Sumar estas entrevistas era inviable, todo se incendiaba como un bosque seco. Se puede decir que la red sufre de desregulación emocional, dificultades interpersonales y dificultades en la gestión de las crisis, que el diagnóstico es sistémico.
Los consultantes identificados como tales salían de las entrevistas con más crisis, más desregulación e incluso mayor riesgo. Para poder sentarnos a la mesa todos juntos debemos conocer las maneras, nadie puede sentarse sin tener claro para qué, con buenas herramientas de regulación emocional o habilidades interpersonales.

Para ese momento los modelos psicoeducativos empezaron a tener fuerza entre los profesionales de salud mental más aggiornados con los tratamientos basados en la evidencia. Pero casi todos provenían de los modelos médicos (una secuencia en dónde se provee información, se habla de tratamientos farmacológicos o higiénico dietéticos y se dan consejos para prevenir recaídas). Necesitábamos un modelo funcionalista que explique el padecimiento y provea de herramientas para lidiar con eso.

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¿Y si DBT no funciona conmigo? ¿Todavía hay esperanza?

¿Y si DBT no funciona conmigo? ¿Todavía hay esperanza?

Por: Nicolás Labbé

Quienes convivimos de alguna manera con la experiencia del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), ya sea como personas que experimentan el diagnóstico, cuidadores, o tratantes, hemos escuchado sobre la Terapia Conductual Dialéctica (DBT) como uno de los tratamientos con mayor volumen de evidencia para ayudar a las personas con dicho diagnóstico. DBT es una terapia que combina distintos elementos como la filosofía Zen, la terapia cognitivo conductual, y el mindfulness. Su creadora, Marsha Linehan, quien públicamente ha declarado haber experimentado TLP ha ayudado a miles de personas que experimentan estas dificultades.

La verdad es que suena muy esperanzador, pero ojalá pudiera cubrir las necesidades de todas las personas que experimentan este diagnóstico. Diversas razones han impedido que las personas que experimentan TLP puedan involucrarse en un programa terapéutico como DBT; dificultades de acceso, recursos, tiempo… o incluso porque simplemente no se hallaron en lo de la filosofía zen y el mindfulness. Sabemos que existe un gran boom por la meditación y la consciencia plena, pero también hay que reconocer que no todas las personas se sienten cómodas con ese estilo, y es importante reconocer que eso es válido también. Dejemos en claro una cosa, la meditación y el mindfulness es efectivo, hay una gran evidencia que lo respalda, incluso el yoga como práctica complementaria a la depresión, pero eso no significa que le guste a todo el mundo. Muchos pacientes que he visto que vienen de DBT, vienen frustrados porque creen que, al no funcionarles, o que no les gustó, entonces ya no tienen solución… lo cual es absolutamente falso.

La última revisión Cochrane, una prestigiosa revista que se dedica a realizar revisiones de evidencia de altísimo nivel, reporto que existían más de 10 tipos distintos de tratamientos psicoterapéuticos para personas que experimentan TLP (Storebø et al., 2020). En ella, destacan 4 tratamientos psicoterapéuticos con mayor evidencia; DBT, Terapia Basada en la Mentalización (MBT), Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP), y Buen Manejo Psiquiátrico (GPM). Durante las últimas década ha surgido una creciente literatura sobre distintos tratamientos psicoterapéuticos para el TLP, donde incluso se han realizado estudios comparativos sobre cuales son mejores. Aún así, todos han demostrado un poder de efecto similar, y positivo (Cristea et al., 2017; Finch et al., 2019; Rameckers et al., 2021), lo cual terminan siendo buenas noticias para quienes experimentan el diagnóstico, y podemos extraer las siguientes conclusiones:

  • Existen varias alternativas

    DBT no es el único. Existen otras alternativas de tratamiento que han pasado por rigurosos estudios, con evaluaciones de pares, y han mostrado buenos resultados.

  • Ningún tratamiento es la panacea

    Si un tratamiento no fue efectivo, no quiere decir que ya se acabaron todas las esperanzas, se puede seguir intentando.

  • Se trata de qué es lo que te hace más sentido a ti

    Si. Te gusta el mindfulness, DBT es para ti, pero si no, puedes elegir entre otras alternativas y ver cuál te hace mas sentido.

  • Si tienes la posibilidad de variar, puedes hacerlo

    Si ya pasaste por un tratamiento DBT y no quieres volver a lo mismo, puedes probar un tratamiento distinto y complementar lo aprendido.

Y esto no es todo… Pues como dije en un inicio, los temas que impiden tomar un tratamiento DBT también pasan por recursos disponibles; Tiempo y dinero. Estas dos variables siguen siendo barreras importantes a la hora de iniciar un tratamiento, pero diversos estudios han estado trabajando para poder entregar intervenciones menos prolongadas, y que aún tengan buenos resultados. De hecho, en una revisión realizada por Spong y colaboradores (2021), encontraron 26 intervenciones breves para el TLP, donde desatacaban versiones acotadas para el TLP, así como también intervenciones para familiares y cuidadores, donde destacan los programas “Family Connections” y “STEPPS”.

Aún existen varias barreras por derribar para darle acceso a las personas que experimentan TLP, pero si es posible concluir, a lo largo de varias décadas de investigación, que DBT no es la única alternativa, existen otras y eso da esperanza. Si una no resulta, se pueden probar otras, y no quiere decir que uno/a sea el problema.

Por último, se han observado como es que incluso en tratamientos menos específicos han tenido buenos resultados con personas con TLP, pero que hay ciertas condiciones que deben darse: Son estructurados, incorporan cuidadores, informan y psicoeducan, y establecen planes de seguridad con pacientes.

El objetivo de esta columna, por lo tanto, es animar a no perder las esperanzas. Si DBT no funcionó contigo, no pasa nada, y no eres tú el problema. Existen otras alternativas, pero por favor, ¡no pierdas las esperanzas!

Referencias

  1. Cristea, I. A., Gentili, C., Cotet, C. D., Palomba, D., Barbui, C., & Cuijpers, P. (2017). Efficacy of psychotherapies for borderline personality disorder: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 74(4), 319–328. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.4287
  2. Finch, E. F., Iliakis, E. A., Masland, S. R., & Choi-Kain, L. W. (2019). A Meta-Analysis of Treatment as Usual for Borderline Personality Disorder. Personality Disorders: Theory, Research, and Treatment, August. https://doi.org/10.1037/per0000353
  3. Rameckers, S. A., Verhoef, R. E. J., Grasman, R. P. P. P., Cox, W. R., van Emmerik, A. A. P., Engelmoer, I. M., & Arntz, A. (2021). Effectiveness of Psychological Treatments for Borderline Personality Disorder and Predictors of Treatment Outcomes: A Multivariate Multilevel Meta-Analysis of Data from All Design Types. Journal of Clinical Medicine, 10(23). https://doi.org/10.3390/jcm10235622
  4. Spong, A. J., Clare, I. C. H., Galante, J., Crawford, M. J., & Jones, P. B. (2021). Brief psychological interventions for borderline personality disorder. A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Clinical Psychology Review, 83, 101937. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101937
  5. Storebø, O. J., Stoffers-Winterling, J. M., Völlm, B. A., Kongerslev, M. T., Mattivi, J. T., Jørgensen, M. S., Faltinsen, E., Todorovac, A., Sales, C. P., Callesen, H. E., Lieb, K., & Simonsen, E. (2020). Psychological therapies for people with borderline personality disorder. The Cochrane Database of Systematic Reviews, 5(5), CD012955. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012955.pub2

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